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Seguridad a Bordo con Tripulaciones de Varios Idiomas

Seguridad a Bordo con Tripulaciones de Varios Idiomas

Un palangrero gallego sale del puerto de Vigo rumbo al Atlántico sur. En su tripulación hay marineros de Galicia y de Senegal y de Filipinas. El patrón da las órdenes en español. El contramaestre las repite en inglés. En la cubierta algunos hombres se las explican entre ellos en wolof o en tagalo. Así funciona hoy buena parte de la flota pesquera española.

Esta mezcla de lenguas no es un problema en sí misma. Se convierte en un riesgo cuando llega una emergencia. Un incendio en la sala de máquinas o un hombre al agua exigen reacciones en segundos. Si una orden no se entiende a la primera la seguridad de todo el barco queda comprometida. La Organización Marítima Internacional lleva años insistiendo en ese punto.

Una Flota Que Depende de Tripulaciones Extranjeras

España tiene una de las flotas pesqueras más importantes de la Unión Europea. Galicia concentra una parte enorme de esa actividad. Desde hace décadas los armadores recurren a marineros extranjeros para cubrir puestos que cuesta llenar con personal local.

Senegal y Filipinas son dos de los grandes proveedores de tripulantes. Filipinas es además uno de los principales países de origen de la gente de mar en todo el mundo. En el caso de Senegal muchos marineros proceden de comunidades pesqueras con una larga tradición en el Atlántico.

Los marineros senegaleses suelen hablar francés además de su lengua materna. Sin embargo la lengua más extendida en el país es el wolof. La mayoría de la población lo usa como primera o segunda lengua. La entrada sobre el idioma wólof explica bien su peso en Senegal y Gambia.

Qué Exige la Normativa Internacional

El convenio STCW fija las normas de formación y titulación de la gente de mar. Entre otras cosas exige que la tripulación pueda comunicarse con eficacia en situaciones de emergencia. Las órdenes básicas de seguridad deben entenderse sin ambigüedad.

El Convenio de Trabajo Marítimo de la OIT añade obligaciones sobre contratos y condiciones de vida a bordo. Un marinero tiene derecho a entender el contrato que firma. En la práctica muchos acuerdos se redactan solo en español o en inglés y el tripulante los firma sin comprender del todo sus derechos.

La pesca tiene además su propio convenio internacional sobre seguridad de los buques pesqueros. Todos estos textos apuntan en la misma dirección. La comunicación clara forma parte de la seguridad y no es un simple detalle administrativo.

Documentos Que Salvan Vidas

El primer documento que conviene traducir es el cuadro de obligaciones y consignas para emergencias. Indica qué debe hacer cada tripulante ante un incendio o una vía de agua o un abandono del buque. Tiene que estar visible y ser comprensible para todos.

También merecen traducción las instrucciones de uso de los equipos de salvamento. Balsas salvavidas y trajes de inmersión y radiobalizas no admiten errores. Un marinero que no sabe activar una radiobaliza pierde minutos vitales.

Para las tripulaciones con marineros senegaleses contar con un traductor español wolof permite adaptar consignas y carteles y contratos a la lengua que el marinero domina de verdad. El francés ayuda pero no siempre llega a todos los miembros de la tripulación.

Lo mismo ocurre con los tripulantes filipinos. Muchos hablan inglés con soltura pero la lengua materna sigue siendo la de las emociones y la de las reacciones rápidas. Un traductor tagalo español resulta útil para revisar contratos y material de formación y comunicaciones con las familias en caso de accidente.

La traducción automática no es una alternativa fiable en este contexto. Las lenguas con menos recursos digitales como el wolof obtienen resultados muy irregulares en las herramientas gratuitas. Una consigna mal traducida puede decir justo lo contrario de lo que pretendía el capitán. Por eso los materiales de seguridad deben pasar siempre por manos profesionales y ser revisados por alguien que conozca el trabajo en el mar.

La Seguridad Frente a Amenazas Externas

La seguridad marítima no se limita a los accidentes. Los pesqueros españoles que faenan en el océano Índico han sufrido durante años la amenaza de la piratería frente a Somalia. Muchos llevan a bordo equipos de seguridad privada autorizados por la ley española.

En esas situaciones la coordinación entre tripulación y vigilantes es crucial. Los vigilantes necesitan que todos entiendan dónde refugiarse y qué hacer durante un intento de abordaje. Un simulacro que solo comprende la mitad de la tripulación no sirve de mucho.

Por eso algunas empresas de seguridad marítima preparan fichas visuales y frases clave en varios idiomas. Es una medida sencilla que mejora la respuesta de todo el equipo y reduce el pánico en los momentos críticos.

Buenas Prácticas Para Armadores

La primera es hacer un inventario lingüístico antes de cada campaña. Saber qué lenguas se hablan a bordo permite decidir qué materiales preparar y quién puede actuar como enlace.

La segunda es organizar simulacros frecuentes con explicaciones en varias lenguas. La repetición convierte las órdenes en reflejos. Los marineros aprenden rápido cuando entienden el porqué de cada paso.

La tercera es cuidar los contratos. Un contrato traducido y explicado evita conflictos laborales y reclamaciones posteriores. También mejora la confianza entre armador y tripulación durante campañas que pueden durar meses lejos de casa.

La cuarta es formar a los oficiales en comunicación intercultural. Un gesto o un tono de voz pueden tener significados distintos según la cultura. Un oficial que conoce esas diferencias gestiona mejor los conflictos en espacios tan reducidos como un barco.

La quinta es pensar en la llegada a puerto. Los trámites con capitanía y con las autoridades sanitarias y con los servicios de inmigración también generan documentos. Tenerlos preparados en las lenguas de la tripulación evita retrasos y malentendidos cuando el barco atraca después de una larga campaña.

Un Mar de Lenguas Que Exige Respuesta

La flota española seguirá necesitando marineros de otros países durante muchos años. Esa realidad no va a cambiar. Lo que sí puede cambiar es la forma de gestionar la diversidad a bordo. Invertir en comunicación clara es invertir en vidas humanas y en barcos que vuelven a puerto con toda su tripulación.